SATE: aislamiento térmico por el exterior de fachadas
Eficiencia energética, confort y revalorización del edificio. El sistema SATE permite mejorar el aislamiento térmico del edificio reduciendo pérdidas energéticas y aumentando el confort interior.
Sistema de aislamiento térmico por el exterior (SATE)
El sistema SATE permite mejorar el aislamiento térmico del edificio reduciendo pérdidas energéticas y aumentando el confort interior. Además, contribuye a:
- Reducir el consumo energético
- Eliminar humedades y condensaciones
- Mejorar el comportamiento térmico del edificio
- Revalorizar la vivienda o comunidad
Nos encargamos de todo el proceso, desde el diagnóstico inicial hasta el acabado final.
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El sistema, capa a capa
Cuatro capas que trabajan juntas para envolver el edificio y frenar las pérdidas de energía.

Placa aislante EPS
Paneles de poliestireno expandido fijados a la fachada mecánica y químicamente. Son la barrera térmica del sistema.

Malla de refuerzo
Malla de fibra de vidrio embebida que arma el conjunto y evita fisuras por movimientos y cambios de temperatura.

Mortero base
Capa de mortero que protege el aislamiento y prepara la superficie para recibir el revestimiento final.

Acabado a elegir
Revestimiento final en el color y la textura que decida la comunidad. La fachada queda nueva por fuera y aislada por dentro.
Lo que gana tu edificio
- Reducción del consumo energético
- Mayor confort térmico en todas las viviendas
- Eliminación de humedades y condensaciones
- Revalorización del edificio
- Acceso a subvenciones
Cuándo tiene sentido un SATE y cuándo no
No todas las fachadas piden un SATE. Es la intervención más completa que existe sobre una fachada, y también la que más condiciona al edificio durante la obra. Conviene saber de antemano si el edificio es candidato.
- Tiene sentido en bloques de los sesenta a los ochenta con fachada de ladrillo o mortero, sin cámara aislante y con humedades por condensación en los pisos altos y las esquinas.
- Tiene sentido cuando de todas formas hay que intervenir: si la fachada ya exige saneado, andamio o medios de acceso, el sobrecoste de aislar es mucho menor que hacerlo por separado.
- No suele tener sentido en fachadas de ladrillo cara vista en buen estado y con valor arquitectónico, donde el sistema tapa el material original.
- No se puede sin más en edificios protegidos o en cascos históricos: ahí manda el planeamiento y hay que consultarlo antes de presupuestar nada.
Lo decimos en la visita, aunque la respuesta sea que no. Vender un SATE a un edificio que no lo necesita es la forma más rápida de que la comunidad se arrepienta de la obra.
Los puntos donde de verdad se decide la obra
El aislante es lo barato y lo fácil. Lo que separa un SATE que dura treinta años de uno que da problemas al tercer invierno son los encuentros: los sitios donde el sistema se topa con algo que no es fachada.
- Las ventanas. Al engordar el muro, el hueco cambia. Hay que resolver mochetas, vierteaguas y la unión con la carpintería, o el agua entra justo por ahí.
- Los balcones. Son puentes térmicos por definición y hay que decidir si se aíslan, se envuelven o se dejan. Es la partida que más varía de un edificio a otro.
- El arranque. El zócalo se lleva las salpicaduras y los golpes: pide un perfil de arranque bien nivelado y un acabado más resistente que el resto.
- Canalones y bajantes vistas. Hay que desmontarlas y volver a colocarlas sobre el nuevo espesor, con anclajes que lleguen al soporte, no al aislante.
- Los remates de cubierta. El encuentro con el peto es donde más se filtra si el sistema se corta sin continuidad.
Cuando pidáis presupuestos, comparad estos puntos y no el precio del metro cuadrado. Ahí es donde están las diferencias reales entre ofertas.
Qué pasa en el edificio mientras dura la obra
Es la duda que más aparece en las juntas, por delante incluso del dinero: si hay que salir de casa, cuánto ruido hay y cuánto va a durar aquello.
- Nadie se va de casa. Se trabaja siempre desde el exterior. No entramos en las viviendas salvo que haya que intervenir en algún elemento interior.
- Las ventanas se pueden abrir casi todos los días, con las lógicas excepciones de las jornadas de proyección y de pintura.
- El ruido es puntual. Se concentra en el picado de las zonas sueltas y en el taladro de los anclajes, no en toda la obra.
- La duración manda sobre la molestia. Lo que agota a una comunidad no es la obra, es la obra parada. Por eso trabajamos con equipo propio y la mínima subcontratación.
Preguntas que nos hacen siempre
¿Se puede hacer un SATE solo en una fachada?
Técnicamente sí, y a veces es lo único que se puede pagar. Pero el resultado es peor: el edificio queda con comportamientos distintos según la orientación y los encuentros entre la parte aislada y la que no lo está son puntos delicados. Si se hace por fases, conviene dejarlo previsto desde el principio.
¿Hay que montar andamio obligatoriamente?
Para un SATE completo, prácticamente siempre. El sistema exige trabajar sobre toda la superficie con continuidad, y eso no se sostiene desde una cuerda. Donde sí se evita el andamio es en reparaciones puntuales de fachada, que es otra intervención distinta.
¿Cuánto dura la obra?
Depende de la superficie, del estado del soporte y de cuántos frentes se puedan abrir a la vez. Lo que más la alarga no es la ejecución, sino las sorpresas del soporte cuando se pica: por eso conviene una revisión seria antes de firmar plazos.
¿De qué depende el precio?
De la superficie real, del estado de la fachada bajo el revestimiento, de cuántos encuentros singulares haya, del acabado elegido y de los medios de acceso. Lo explicamos con detalle en de qué depende el precio de un SATE.
¿Se puede pedir ayuda pública para esta obra?
La rehabilitación energética de fachada es de las actuaciones con más convocatorias abiertas. Nosotros tramitamos la solicitud como parte del encargo; lo vemos en subvenciones y financiación.
¿Tu edificio necesita aislamiento?
Cuéntanos qué le pasa a tu fachada y te preparamos un diagnóstico y un presupuesto sin compromiso.
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