Cuánto cuesta un SATE: de qué depende el precio por m²
Lo que de verdad mueve el presupuesto de una fachada, explicado por quien la ejecuta.
El aislante es la parte más previsible
Es la primera pregunta de cualquier comunidad, y la respuesta honesta incomoda: el precio por metro cuadrado de un SATE no lo marca el aislante. El material es lo más previsible del presupuesto. Lo que hace que dos edificios de la misma superficie tengan cifras muy distintas es todo lo demás.
Cuando llegan tres presupuestos muy separados, casi nunca es que uno sea caro: es que están midiendo cosas distintas. Estas son las partidas que de verdad mueven el número.
El estado de la fachada antes de empezar
El SATE se pega sobre lo que hay. Si el soporte está sano, se aplica y punto. Si no, hay una obra antes de la obra: repicar el revoco que suena hueco, sanear zonas con armadura vista, coser grietas que siguen moviéndose, tratar humedades.
Ese trabajo no aparece en el precio por metro cuadrado del sistema, pero está en el presupuesto. Un presupuesto que no menciona el estado del soporte es uno que todavía no ha mirado la fachada.
Las ventanas: lo que más encarece y menos se espera
Al aislar por el exterior la fachada engorda varios centímetros, y ese grosor se come el marco de la ventana. Hay que resolver el encuentro: retranqueos, vierteaguas nuevos, alféizares que prolongar y premarcos que a veces ya no dan de sí.
Si las ventanas son antiguas aparece la pregunta incómoda: cambiarlas ahora, con el andamio montado y la fachada abierta, o dejarlas y volver a tocarlo todo dentro de unos años. Suele salir mejor hacerlo a la vez, pero es decisión de la comunidad y cambia el presupuesto.
Lo mismo ocurre con los balcones y sus cantos, las barandillas ancladas al muro, las persianas, los aparatos de aire acondicionado colgados de la fachada, las bajantes, las cornisas y los remates de cubierta. Cada uno tiene su solución y ninguno se resuelve solo.
Cómo se llega al muro
Un SATE se ejecuta con andamio en la mayoría de los casos, y el andamio tiene su propio coste: montaje, alquiler por tiempo —corra o no corra la obra—, desmontaje y, si invade la acera, la licencia de ocupación de vía pública. En edificios altos o en patios interiores estrechos, esa partida pesa mucho en el total.
Espesor, tipo de aislante y acabado
Más espesor es más material y más accesorios: anclajes más largos, perfiles más anchos. Y el tipo de aislante cambia la cifra: no vale lo mismo un poliestireno expandido que una lana mineral, y cada uno tiene sentido en situaciones distintas. El espesor tampoco es libre: depende de la normativa, de lo que pida la comunidad y, si vais a solicitar ayudas, del ahorro energético que haya que justificar.
En el acabado, el mortero liso es lo habitual. Si hay que imitar ladrillo, respetar un despiece, resolver molduras, zócalos diferenciados o dos colores, cada detalle añade horas de oficial. En fachadas protegidas puede condicionar el sistema entero.
El factor del que casi nadie habla
Un SATE se estropea aplicándolo mal, no comprando mal el material. La malla que no solapa lo suficiente, el anclaje puesto donde no toca, la junta mal resuelta, el mortero aplicado con la fachada demasiado caliente o con lluvia a las pocas horas. Nada de eso se ve el día que se retira el andamio: se ve a los dos inviernos, en forma de fisuras, manchas o despegues.
Un equipo de aplicadores con experiencia cobra más que uno improvisado, y eso sube el precio por metro cuadrado. También es lo que hace que el sistema dure las décadas que tiene que durar. Cuando un presupuesto está muy por debajo de los demás, merece la pena preguntar quién ejecuta la obra y cuántos SATE lleva hecho ese equipo — no por desconfianza, sino porque es la partida que no se puede recuperar después.
Cambian lo que paga la comunidad, no lo que cuesta
Las subvenciones a la rehabilitación energética no bajan el coste del SATE: bajan lo que acaba pagando la comunidad. Pero condicionan cosas del proyecto —espesores, ahorro justificado, documentación técnica— y tienen sus plazos y requisitos, así que conviene decidirlo antes de empezar y no a mitad de obra. Lo explicamos en subvenciones y financiación.
Las siete preguntas que resuelven una junta
- ¿Incluye el saneado previo de la fachada, o aparecerá como partida aparte cuando se abra el andamio?
- ¿Cómo se resuelven los encuentros con ventanas, balcones y bajantes?
- ¿Está el andamio dentro, con su tiempo de alquiler y la licencia si hace falta?
- ¿Qué aislante, qué espesor y por qué ese y no otro?
- ¿Qué acabado, y qué pasa si el edificio tiene alguna condición estética?
- ¿Quién ejecuta la obra: equipo propio o subcontrata?
- ¿Qué cubre la garantía del sistema y qué cubre la de ejecución, que no es lo mismo?
Un presupuesto que responde a las siete se puede comparar. Uno que solo da un precio por metro cuadrado, no.
Lo vemos antes de dar un número
Por todo lo anterior no damos precios por teléfono ni por metro cuadrado a ojo: sería inventárnoslo. Vamos a ver la fachada, miramos el estado del soporte y los encuentros, y sobre eso hacemos un presupuesto cerrado que la comunidad puede llevar a la junta y comparar con cualquier otro.
La visita y el presupuesto no tienen coste ni compromiso. Puedes ver cómo trabajamos en la página de SATE, en rehabilitación de fachadas o escribirnos.
